“PALABRAS
SIN SENTIDOS”
Una
mañana fresca y lluviosa, acompaña mi diario caminar por las calles del pueblo,
caen sobre mis espaldas grandes gotas de agua, que dan la sensación de sentir,
como si fuese un llanto divino que baja
del cielo, pero no es así como lo estoy apreciando, no son lagrimas celestiales
las que caen sobre mi cuerpo, es un fuerte vendaval, que viene acompañado de
truenos, relámpagos y fuertes vientos. Hacía mucho tiempo que no veía caer del
cielo tan fuerte tormenta, los árboles se estremecen al compás de la impetuosa
brisa y algunos ya han sido arrancados de raíces, puedo ver techos de zinc volando
por los aires, el zumbido del aire lanza gemidos que se oyen como silbidos
ensordecedores, algunas personas corren en busca de un lugar seguro y con un signo de miedo
reflejado en sus caras, sin embargo hay quienes lucen una tranquilidad
imperturbable como si nada estuviese ocurriendo, los golpes de centellas estremecen
el suelo, del cielo salen rayos de luces como avisando de un estruendoso ruido,
camino con mucha dificultad chapoteando el agua con mis pies, pienso que llegara la tarde y seguiremos con este
copioso invierno, seguramente ya comenzó a destrozar los sembradíos a desbordar
los ríos, quebradas, pero no todo debería ser malo de este fuerte diluvio.
Mis
buenos deseos son que se convierta esta tormenta, en un medio natural, para
limpiar un poco el ambiente de tantos residuos de suciedad esparcidos a todo lo
largo de las calles, donde puedo ver
claramente tirados en el piso, pedazos de afiches y folletos de algunos candidatos políticos que aspiran seguir dirigiendo
los destinos del País, veo muchas fotografías hechas pedazos, sin ojos y mutiladas
de ambos brazos, recostadas en las cunetas de las aceras y otras que están a
punto de desprenderse de las paredes y muros, las múltiples pancartas que
guindan de los postes se notan desflecadas, sin colores y en clara posición de
suicidarse. Mas allá en un montón de papeles
rotos y mojados se pueden ver imágenes incompletas de respetadas personalidades de los distintos
partidos políticos tradicionales, defecadas por borrachitos y animales, entre
ellas, muchas pisoteadas por los transeúntes, sus aspectos son denigrantes y
alla, se ven grandes lotes de periódicos viejos con manchas de haber sido
utilizados como papel higiénicos con sus respectivos guardianes al lado. También se oye calle arriba, los aullidos de una
jauría de perros callejeros que se pelean un pedazo de pan y uno u otro hueso,
andan en bandadas como las avispas. Más
adelante se ve una tapa levantada de la tubería de residuales, lanzando borbollones de aguas negras dejando
su pudrición en todo el ambiente, el agua que sale se torna de color rojizo,
verdiblanco, mezclado con algunos solidos de mal aspectos que impregna el aire
y la ropa, dejando un olor fuerte a “berrenquin de chicuaco” e insoportable a
nuestro olfato, más allá, puedo ver una corriente del agua de lluvia que baja
con mucha fuerza por la calle, llevándose con ella, las bolsas de basura y uno
que otro animal muerto que gira junto a residuos de comidas putrefactas, todo
esto se ve revolotear en los recodos, como si exclamaran gritos de
auxilio. Estas vivencias y otras más,
me han motivado hacer un minuto de reflexión, para hacer algunas
interrogantes. ¿Antes sucedía lo mismo?
¿Todo era tal cual lo estoy mirando? ¿Sera que hemos cambiado en algo? ¿Fue
este el pueblo que deje alguna vez? ¿Estaré equivocado en mis apreciaciones? Creo
que son insuficientes estas preguntas, pero deberíamos de ir un poco más allá,
buscar las razones y el porqué de tanta dejadez. Todo me parece un sueño y
quisiera despertar ante tanta ineptitud y complacencia por parte de todos nosotros. Quiero pensar que lo visto es una vaga
ilusión y estoy completamente equivocado, que todo es igual como antes, cuando compartíamos
el tiempo con los amigos, sentados charlando alegremente en un banco de la
plaza Bolívar y podías oír las retretas dominicales en sana paz, comiéndote tu
helado o tomándote un cafecito en la esquina.
Pero no, ahora todo es diferente cuando te reúnes con amigos,
inmediatamente emerge la política barata
del revanchismo y la división, ya las tertulias dejaron de ser momentos de
alegría y esparcimiento, todo el mundo cree tener la razón, nadie escucha,
nadie lee, vamos como ciegos dando barquinazos y empujones sin notar a quienes
golpeamos. Pienso ilustre amigo que esto
es la representación natural de un País en decadencia y en acelerada caída en picada, lleno de incomprensión, maldad y odio,
esta película se puede ver en todos los estratos sociales y en cualquier lugar
de la Nación, todo se ha dividido, no existe ese vínculo de familiaridad, de
amistad y cariño como antes. Pero todos
sabemos que El País tiene la firme esperanza por recuperarse y anda en busca de
esa salida desesperadamente, que sería capaz de agarrarse de un clavo ardiendo
si es necesario; no estés pensando amigo que son exageraciones mías en lo que
estoy diciendo, es lo que he podido notar en la mayoría de los venezolanos, hay
mucho apuro para salir de todas estas calamidades, noto preocupación y algo de decepción
en algunos amigos, las redes sociales están llenas de quejas y reclamos, estas
herramientas son utilizadas como válvulas de escape a tanta presión, pero el
gobierno actual no toma cartas en el asunto y más bien como si atizara más la
candela, ¿Tu no piensas que es así? Todo esto que he visto querido amigo, es la
estirpe natural de la realidad nacional, hemos perdido todo, hasta el habla y
la forma de caminar, caminamos como si nos pesaran los pies, pienso que estamos
llegando a lo último, pero déjame seguir
con mi caminata matinal que es la única manera de desahogarme ante tanta
indolencia, quisiera olvidarme de todo lo que ocurre a mi alrededor y no seguir
contándote nada, porque tengo la impresión que no te gusta que te digan las
cosas del color que las veo, de algo tienes que estar seguro, no invento nada,
todo lo dicho en esta letras, lo han visto estos ojos. Por eso paso por la calle, sin pensar que
estoy pisoteando fotografías de gentes honorables y de grandes líderes de la
época, usted me disculpa si le he ofendido.
Todo este paisaje se me hace muy familiar porque lo estoy viendo desde
que tuve uso de razón; si, así como lo estás leyendo, un paisaje cuajado de la más
paupérrima decadencia, sin oportunidades de salir a flote de este pequeño rio
altamente contaminado y con fuertes corrientes.
EL
SIGUIENTE DIA…
Es una
mañana como tantas otras, esta vez no está lloviendo, pero el sol pica en la
espalda, todo lo contrario de ayer, pero hace el mismo efecto. Noto las calles con poca gente y uno u otro
carro transitando a estas horas, es muy temprano aun. Llevo entre mis manos un mandador hecho de
vera y cuero del ganado, para ahuyentar las jaurías de perros rabiosos, es una
manera muy peculiar utilizada para la defensa personal, para mi tranquilidad no
me he conseguido ningún animal de estos por el camino, lo que si he podido ver
es a un grupo muy reducido de amanecidos borrachitos, que parecen estar muy
contentos con su fiesta, están haciéndole ronda a un litro de caña clara y
puedo ver varios picos de botellas de cerveza regados a lo largo de la cuadra,
parecen estar muy ocupados en su oficio, así que seguí mi camino y acelere el
paso para alejarme lo más pronto posible de esa tertulia matinal de hombres “felices”. Al llegar a la plaza Bolívar, vi en su
interior como un grupo de trabajadores de la Alcaldía le hacían la limpieza y
otros obreros regaban las matas y podaban las ramas de las cayenas hasta
dejarlas como un muro vegetal adornados con lindas flores rojas y bellos
capullos con sabor a rica miel, las puertas de la comandancia de policía está
cerrada, no vi ningún funcionario de esa dependencia vigilando la plaza, cosa
diferente en mis tiempos juveniles, cuando permanecían de guardia los agentes
en la puerta de la policía y las rondas en las noches por el pueblo eran
frecuentes, claro, los tiempos cambian y los miedos crecen, los agentes apenas
andan con un revolver 38 y de poco alcance en cambio los malandros portan
fusiles de asalto y ametralladoras. Todo ha cambiado en tan pocos años, es
increíble el estado de descomposición social en mi País, no puedo imaginarme
hasta dónde puede llegar tanta complacencia. Esta vez recorrí mis 7 kilómetros
que acostumbro a caminar y me fui directamente a la casa para preparar un
cafecito caliente, cual sería mi sorpresa, no había gas en la cocina, luego fui
al baño para darme una ducha y no había agua, entonces dije, voy a ver las
noticias en la televisión y no había electricidad, fue cuando me hice las
preguntas de las mil lochas! ¿Cómo
carajo se puede vivir en un país con estas características? ¿Cómo aguantamos
los venezolanos tanta humillación? Pero luego me dije, si es posible, porque el
pueblo aún sigue dormido y parece que no quiere despertar, allí es donde dan
ganas de marcharse, irse lejos hacia otras fronteras, donde puedas vivir con más
tranquilidad y donde puedas avanzar al ritmo del mundo. Que más quieres que te diga, es todo lo que
tengo por dentro y trato de expresarlo en estos escritos.
